Los cerebros de la expulsión fueron Roda y Campomanes. La logística correspondió al presidente del Consejo de Castilla, el conde de Aranda.
La Compañía de Jesús fue expulsada de España a principios de abril de 1767, entre la noche del 31 de marzo y la mañana del 2 de abril. Fue una operación tan secreta, rápida y eficaz como la del extrañamiento de los moriscos en 1609, o incluso más. Aunque corrían malos tiempos para los jesuitas, acusados de instigar motines el año anterior, y eran conscientes del acoso que venían sufriendo, nadie podía presagiar lo que iba a ocurrir. Parece que se trataba de una sentencia anunciada tras la persecución de la compañía en Francia y Portugal.
La regia decisión ordenaba su inmediata salida de España y la ocupación de todos sus bienes, muebles, raíces y enseres que legítimamente poseía la Compañía de Jesús con la condición de que los beneficios que se obtuvieran en un futuro de sus ventas o arrendamientos se les aseguró una pensión vitalicia de cien pesos anuales para los sacerdotes y de noventa para los legos.
El gobierno decidió no pasar estipendio alguno ni a los novicios ni a los estudiantes con la intención de que decidiesen dejar la Compañía y abjurar su espíritu, de modo que pudiesen permanecer en España. La Pragmática no aclara los motivos por los cuales Carlos III decidió decretar la expulsión, aunque eran posibles represalias políticas, aunque tranquilizaba a las demás ordenes religiosas y señalaba claramente cuál iba a ser el destino de los expulsos, y qué iba a ocurrir con sus bienes y temporalidades (artículos 3-12).
En lo que respecta al patrimonio, apuntaba que todos los bienes pasarían a manos del Estado para ser dedicados a obras pías (dotación de parroquias pobres, fundación de seminarios conciliares, creación de casas de misericordia), de acuerdo con el parecer de los respectivos obispos.
Era deseo del monarca, una vez expulsada la Compañía, borrar su memoria. Tanto fue así que para acallar la voz de los simpatizantes y eliminar todo tipo de objeción pública al decreto, el monarca fijó duros castigos que serían aplicables a cuantos mantuviesen correspondencia con los jesuitas, y a todos los que hablasen o escribiesen públicamente contra la decisión real o sobre la Compañía (a favor o en contra).
la Casa profesa situada en la Capital del Turia, donde también gobernaba el Colegio de San Pablo y el Seminario de nobles; la Universidad de Gandía, su noviciado en Torrente, y cuatro colegios que se situaban en las ciudades de Alicante, Onteniente, Orihuela y Segorbe, según INMACULADA FERNÁNDEZ ARRILLAGA en EL EXTRAÑAMIENTO DE LOS JESUITAS VALENCIANOS.
El NOVICIADO que la Compañía estableció en Torrente (bajo la advocación de SAN ESTANISLAO DE KOSTKA) al parecer, era de reducidas dimensiones, y poco valor. Y nada más se sabe de su ubicación. Después de la expulsión - En consulta del Consejo extraordinario de 22 de marzo 1769 se indicaba que debía procederse a la venta o alquiler del noviciado, pues era un edificio pequeño, que no destacaba materialmente, para obtener unos beneficios económicos que contribuirían a las arcas de las que se había propuesto el monarca, previa declaración obispal de edificio profano.
